Please reload

Recent Posts

#SiLasPiedrasHablaran (XII) Zona Palacio Real IV

April 7, 2017

1/6
Please reload

Featured Posts

#LaBibliotecaCultureta(V)

August 7, 2014

Capítulo VII

[…] La conversación de Carlos era insulsa como una acera de calle, y las ideas de todo el mundo desfilaban por ella en su traje ordinario, sin causar emoción, risa o ensueño. Nunca había sentido curiosidad-decía- cuando vivía en Ruan por ir al teatro a ver a los actores de París. No sabía ni nadar ni practicar la esgrima, ni tirar con la pistola, y, un día, no fue capaz de explicarle un término de equitación que ella había encontrado en una novela. ¿Acaso un hombre no debía conocerlo todo, destacar en actividades múltiples, iniciar a la mujer en las energías de la pasión, en los refinamientos de la vida, en todos los misterios? Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. La creía feliz y ella le reprochaba aquella calma tan impasible, aquella pachorra apacible hasta la felicidad que ella le proporcionaba. Emma dibujaba a veces; y para Carlos era un gran entretenimiento permanecer allí, de pie, mirándola inclinada sobre la lámina, guiñando los ojos para ver mejor su obra, o modelando con los dedos bolitas de miga de pan.

 

Madame Bovary, Gustave Flaubert, (1821-1880)

 

Capítulo IX

[…]

-Dónde nos hemos metido...

-¿Qué importa? ya ve usted que no se la comen.

Muchas señoritas podrían aprender crianza de estos pela-gatos.

Alguna otra vez había pasado la Regenta por allí a tales horas, pero en esta ocasión, con una especie de doble vista, creía ver, sentir allí, en aquel montón de ropa sucia, en el mismo olor picante de la chusma, en la algazara de aquellas turbas, una forma de placer del amor; del amor que era por lo visto una necesidad universal. También había cuchicheos secretos, al oído, entre aquel estrépito; rostros lánguidos, ceños de enamorados celosos, miradas como rayos de pasión... Entre aquel cinismo aparente de los diálogos, de los roces bruscos, de los tropezones insolentes, de la brutalidad jactanciosa, había flores delicadas, verdadero pudor, ilusiones puras, ensueños amorosos que vivían allí sin conciencia de los miasmas de la miseria.

Ana participó un momento de aquella voluptuosidad andrajosa. Pensó en sí misma, en su vida consagrada al sacrificio, a una prohibición absoluta del placer, y se tuvo esa lástima profunda del egoísmo excitado ante las propias desdichas. «Yo soy más pobre que todas estas. Mi criada tiene a su molinero que le dice al oído palabras que le encienden el rostro; aquí oigo carcajadas del placer que causan emociones para mí desconocidas...».

 

 

La Regenta, Leopoldo García-Alas y Ureña «Clarín» (1852 - 1901)

 

 

Please reload

Follow Us
Please reload

Search By Tags
Please reload

Archive
  • b-facebook
  • Twitter Round
  • Instagram App Icon